ANÍMATE: TAMBIÉN ESE CUERPO TUYO PUEDE SER GLORIOSO
Aunque los gnósticos y, en general, los espiritualistas de todas las épocas y tendencias -maniqueos, cátaros, etc.- concebían al ser humano como un espíritu temporalmente encerrado en la cárcel de un cuerpo vil, despreciable y caduco, desde sus primeros tiempos la Iglesia Católica dejó bien claro en su Credo que para ella el cuerpo estaba también llamado a la resurrección -"Creo en la resurrección de la carne"-; y esto le otorgaba una dignidad que la Teología más reciente no ha hecho más que subrayar. No se trataba de sostener simplemente la existencia de una vida ultraterrena -en la que, por ejemplo, no creí an los saduceos contemporáneos de Jesús y no creen tantos contemporáneos nuestros-, sino algo más: la reconstitución de los cuerpos ya descompuestos y su reunificación con las respectivas almas. El Catecismo de la Iglesia Católica (997) lo recuerda: “Dios en su o...