UN TESTIMONIO MÁS: LA "CARTA A EL-REI D. MANUEL" DE PERO VAZ DE CAMINHA

         Pero, o Pedro, Vaz de Caminha (Porto, ca. 1450-Calicut, India, 1500) fue un noble portugués, hijo de Vasco Fernandes de Caminha, caballero del Duque de Braganza. Ocupó lugares destacados en las cortes de los reyes Afonso V, Joâo II y Manuel I, que le tenía en gran estima. Se casó con Catarina Vaz, con la que tendría una hija, Isabel de Caminha.
               Se dice que participó en la batalla de Toro (1476), apoyando a Juana "La Beltraneja", aspirante al trono de Castilla, frente a Isabel, que sería al fin la reina. Ese mismo año sucede a su padre como Maestro de Balanzas de la Casa de la Moneda. Llegó a ser uno de los mejores escribanos de Portugal. En 1497 fue nombrado concejal de la ciudad de Porto. 
           El año 1500 fue enviado como escribano al puesto comercial que los portugueses estaban a la sazón queriendo establecer en Calicut, en la India, con el fin de cargar especias y establecer relaciones para poder competir con el comercio de especias que entonces dominaban árabes, turcos e italianos, y con ese motivo se embarcó en la expedición dirigida por el noble Pedro Álvares Cabral (1460/1470-1520). 

Pedro Álvares Cabral, en un billete brasileño de 1.000 cruzeiros

            La flota, compuesta por 13 naves con 1.500 hombres a bordo, salió de Belem el 9 de marzo de 1500, con el propósito de seguir la ruta de Vasco da Gama, es decir, bordear el continente africano y, doblando el Cabo de Buena Esperanza, alcanzar la India; pero, por razones nunca esclarecidas -se ha dicho que Álvares Cabral no era un navegante experto-, a cierta altura del viaje, pasadas ya las Canarias y las islas de Cabo Verde, la expedición, en lugar de dirigirse al Sur de África, se desvió hacia el Oeste, y el 22 de abril desembarcó en lo que inicialmente Álvares Cabral creyó una isla, que llamó Terra da Vera Cruz (hoy Porto Seguro), pero que en realidad era Brasil, territorio hasta entonces no descubierto.

La llegada de Pedro Álvares Cabral a Brasil , Alfredo Roque Gameiro (1864-1935)

          Como en virtud del Tratado de Tordesillas (1494) aquellas tierras habían sido adjudicadas a la corona portuguesa, tomó posesión de ellas en nombre del rey don Manuel. Una de las 13 naves fue enviada a Portugal para comunicar la noticia del descubrimiento. (Otra había desaparecido en el mar antes de la llegada).
          De este acontecimiento Pero Vaz de Caminha informó al monarca en una famosa Carta a El-Rei D. Manuel sobre o achamento do Brasil, escrita el 1 de mayo de 1500, que, por razones de política, permanecería inédita hasta que en 1817 la editó el Padre Manuel Aires de Casal en su Corografia Brasilica, publicada en Río de Janeiro. 
          La Carta hace referencia en varias ocasiones, y éste es el motivo de que la traiga a esta página, a la desnudez de los indígenas brasileños. El mismo día de la arribada, 23 de abril, aparecen los primeros indios. "Eran pardos, todos desnudos, sin cosa alguna que les cubriese sus vergüenzas". Otros que se dejan ver al día siguiente, dice Vaz, "andaban desnudos, sin cobertura alguna. No hacen el menor caso de encubrir o de mostrar sus vergüenzas; y en eso tienen tanta inocencia como en mostrar el rostro". El término vergonhas, "vergüenzas", aparece sistemáticamente siempre que el escribano alude a los genitales de varones y mujeres.
             Se supone que aquellos indígenas pertenecían al grupo de los tupi-guaraníes, llamados también tupinambás.

Danza tupinambá, John White (1585-1587)


 Indio tupi tarairiu,  Albert Eckhout (1641)

         Según relata después, unos indígenas "se tendieron de espaldas en la estera, a dormir, sin buscar manera de encubrir sus vergüenzas, las cuales no estaban circuncidadas". El sábado 25 de abril les salen al encuentro en la playa "cerca de doscientos hombres, todos desnudos, y con arcos y flechas en las manos". Por allí aparecen también "tres o cuatro mozas, bien mozas y bien gentiles, con cabellos muy negros y largos por los omóplatos, y sus vergüenzas tan salientes, tan cerraditas y tan limpias de cabellera que de mirarlas mucho no teníamos ninguna vergüenza". No es ésta la única ocasión en que Vaz de Caminha juega con el doble sentido de la palabra vergonha (el  abstracto de "pudor" y el concreto de "genitales"). Dice después que un indio notable, que agasaja a uno de los portugueses, "era ya de edad, y estaba, por presunción, todo lleno de plumas pegadas por el cuerpo, que parecía asaeteado como S. Sebastián. Otros llevaban caperuzas de plumas amarillas; otros, de rojas; y otros, de verdes. Y una de aquellas mozas estaba toda teñida de abajo arriba con aquella tintura; y por cierto era tan bien hecha y tan perfecta, y su vergüenza (que ella no tenía) tan graciosa, que a muchas mujeres de nuestra tierra, viéndole tales formas, daría vergüenza, por no tener la suya como la de ella". Más adelante leemos: "También andaban entre ellos cuatro o cinco mujeres mozas, desnudas como ellos, que no parecían mal. Entre ellas andaba una con un muslo, desde la rodilla hasta la cadera y la nalga, todo teñido de aquella tintura negra; y el resto, todo de su propio  color. Otra llevaba ambas rodillas con las corvas así teñidas, y también los cuellos de los pies; y sus vergüenzas tan desnudas y con tanta inocencia descubiertas que en ello no tenía vergüenza alguna". Esta admiración ante la inocencia con que los indios mostraban su desnudez es otro de los temas recurrentes en la Carta. "También andaba allí otra mujer moza, con un niño o niña en el regazo, atado con un paño (no sé de qué) a los pechos, de modo que solo las piernecitas le aparecían. Pero las piernas de la madre y el resto no llevaban paño alguno". El cronista se admira de la salud y la belleza que la vida al aire libre y en desnudez depara a aquellas gentes: "Están muy bien cuidados y muy limpios. Y en eso me parece más aún que son como aves o alimañas monteses, a las cuales el aire les hace mejor pluma y mejor cabello que a las mansas, porque sus cuerpos son tan limpios, gordos y hermosos que no pueden serlo más". Y agrega: "Andaban todos tan dispuestos, tan bien hechos y galantes con sus tinturas, que parecían bien". El candor de aquellos indios hace pensar a Vaz de Caminha que sería fácil que se convirtieran al cristianismo: "Paréceme gente de tal inocencia que, si alguien los entendiese y ellos a nosotros, serían enseguida cristianos, porque ellos, según  parece, no profesan ninguna creencia [...], porque ciertamente esta gente es buena y de buena simplicidad. Y ha de imprimirse rápidamente en ellos cualquier cuño que les quieran dar".  Así, el 1 de mayo, los indios no solo asisten a la misa que celebran los portugueses, sino que también imitan las actitudes y movimientos de los cristianos durante ella y reciben con gusto las cruces que se les regalan. El escribano insiste mucho a don Manuel en la conveniencia de evangelizar a aquellos nativos. Otra prueba de la inocencia paradisíaca en que vivían es que entre los que asistían a las misas de los navegantes -el 26 de abril, Domingo de Pascoela [1], y los días siguientes[2]- había una mujer joven a la que, según relata Vaz, "dieron un paño con que se cubriese. Se lo pusieron alrededor del cuerpo. Sin embargo -añade-, al sentarse no se acordaba mucho de extenderlo bien para cubrirse. Así, Señor, la inocencia de esta gente es tal que la de Adán no sería mayor en cuanto a vergüenza". Hay que suponer que los exploradores portugueses se preguntarían alguna vez si aquellas gentes estarían libres del Pecado Original. 

La nave de Pero Álvares Cabral, según el Livro das Armadas, Academia das Ciências, Lisboa

         Cuando, después de pasar 10 días en Brasil, se dirigía ya a la India, la expedición sufrió, al doblar el Cabo de Buena Esperanza, una formidable tempestad que causó la pérdida de 4 de los 11 navíos que quedaban de los 13 que habían zarpado de Portugal. Llegado por fin a Calicut, Pero Vaz de Caminha falleció allí el 15 o el 16 de diciembre de aquel mismo año 1500; según se cree, en combate contra los musulmanes que atacaron aquel enclave.

Pero Vaz de Caminha lee la carta que enviará al rey D. Manuel, Francisco Aurélio de Figueiredo e Melo (1900)





[1] El domingo siguiente al de la Pascua de Resurrección.
 
[2]Véase, en la entrada del 16-09-23, el cuadro de Victor Meirelles sobre la primera Misa en Brasil.


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